4472 2801 - 092 661 284 Lunes a Viernes de 8:30 a 12:00 y de 14:30 a 19:00 hs. Sábados de 8:30 a 12:30 hs.
Historia de la Casa Comercial “Victorio Forapagliero”
(Relato de Victorio Eduardo Forapagliero Barrios)


Origen de este relato.
Surge de las largas conversaciones que mantuve con mi padre. Con el tiempo, y especialmente tras el fallecimiento de mi madre en 1987, compartimos muchos momentos en familia que me permitieron conocer en profundidad nuestra historia. A esto se suman recuerdos, documentos, cartas y fotografías que hoy hacen posible reconstruir este recorrido.






Vittorio Forapagliero 1884-1943
Vinai Margherita 1882-1953
Los comienzos (1912 - 1914)
Don Vittorio Emanuele Forapagliero Blengino, nacido en Italia en 1884, llegó a Uruguay en 1912 junto a su esposa Margherita Vinai y su pequeño hijo Giuseppe. Se radicaron en la ciudad de Rocha.
La decisión de emigrar estuvo influenciada por una familiar, Doña Teresa Virginio Vinai, quien ya vivía en Uruguay y había fundado una posada para viajeros. Allí no solo ofrecía alojamiento, sino también comidas típicas italianas, introduciendo así nuevas costumbres en la zona.
Fundación del negocio
El 28 de agosto de 1914, Don Vittorio fundó su primer comercio en Rocha: un almacén con productos generales y elaboración propia de chacinados, oficio que traía desde Italia.
Con esfuerzo y constancia, el negocio fue creciendo. Tiempo después se trasladó a un nuevo local, donde amplió su actividad incorporando ventas mayoristas y abasteciendo a otros comercios de la región.
Expansión e importaciones
El emprendimiento comenzó a destacarse por la importación de productos desde Italia, como vinos, aceites y otros alimentos tradicionales. También incorporó mercadería de Cuba (como caña y habanos) y herramientas agrícolas de Europa.
En una época donde el transporte era complejo, la mercadería llegaba por tren, carreta o vía marítima, lo que demuestra el enorme esfuerzo logístico que implicaba mantener el negocio activo.
Crecimiento y consolidación
En 1930, la empresa se trasladó a un punto más céntrico y se asoció con familiares, formando la firma Forapagliero y Pratto. Con el tiempo, el negocio continuó creciendo y adaptándose, trabajando con numerosos proveedores y ampliando sus rubros.
En 1937, tras la salida de su socio, Don Vittorio continuó junto a sus hijos, impulsando aún más la empresa.


3º Ubicación del comercio de "Don Vittorio" calles 18 de Julio y J. Ribot año 1935


3º Ubicación del comercio de "Don Vittorio" calles 18 de Julio y J. Ribot año 1935 exterior


2º UBCACION DEL COMERCIO DE "DON VITTORIO" CALLES FLORENCIA SANCHDEZ ESQ. PIEDRAS AÑO 1920
Tras el fallecimiento de Don Vittorio en el año 1943, sus hijos continuaron con la actividad comercial bajo la firma Forapagliero Hnos., logrando consolidar el negocio como uno de los más importantes de la ciudad de Rocha. Con dedicación y esfuerzo, ampliaron sus rubros y fortalecieron su presencia en el mercado, manteniendo siempre el espíritu de trabajo heredado.
En el año 1950, la empresa fue designada concesionaria de reconocidas marcas automotrices como FIAT y SIMCA, lo que significó un nuevo impulso y una ampliación sustancial de sus actividades comerciales.
Con el correr del tiempo, el tradicional modelo de “ramos generales” comenzó a perder vigencia debido a cambios económicos, financieros e impositivos que afectaron profundamente la operativa comercial. Esta situación obligó a replantear el rumbo de la empresa, orientándola hacia una actividad mayorista y de productos de rápida rotación. En ese proceso, se debieron tomar decisiones difíciles, entre ellas la venta de parte del local comercial, lo que marcó una etapa de transición, pero también de aprendizaje y adaptación.
En el año 1980 asumí la responsabilidad de continuar con el negocio familiar, contando ya con experiencia previa dentro de la empresa. A partir de ese momento, mantuve la tradición heredada, pero incorporando nuevos rubros como bicicletas, ciclomotores, motocicletas, maquinaria y motores, lo que permitió renovar y dinamizar la actividad.
Uno de los hitos más destacados de esta etapa fue la introducción de motocicletas Yamaha en Uruguay, así como la participación en competencias deportivas a nivel internacional. Asimismo, durante dos décadas me desempeñé como concesionario oficial de FIAT, consolidando un período de crecimiento sostenido y reafirmando la presencia de la empresa en el mercado.
Contunidad familiar y adaptación de la siguiente generación.
Más allá del crecimiento comercial, el mayor legado de Don Vittorio no fue material, sino humano: el buen nombre, la honestidad y la cultura del trabajo.
Ese espíritu sigue presente en cada generación, enfrentando desafíos con esfuerzo, unión y compromiso.
Actualidad
Hoy la empresa continúa activa en el mismo lugar que hace 96 años atras, comercializando una amplia variedad de productos e integrándose a redes de importación internacional. Mantiene así el espíritu original: trabajo, adaptación e innovación.
Como descendiente de inmigrantes, siento un profundo orgullo por nuestras raíces. Esta historia es testimonio de sacrificio, perseverancia y valores que trascienden el tiempo.
El apellido Forapagliero sigue ligado a la comunidad de Rocha desde 1914, y las nuevas generaciones tienen hoy la responsabilidad de mantener viva esa historia, adaptándose a los tiempos sin perder la esencia.




Historia completa
(Contada por Victorio Eduardo Forapagliero Barrios.)
Todos los datos, fechas y demás detalles que he manifestado son fruto de las largas charlas que mantuve con mi extinto padre. Estas conversaciones fueron incrementándose tras el fallecimiento de mi madre, Hermelina Barrios, en el año 1987, ya que junto con mis hermanas, María del Luján y Margarita, lo acompañamos siempre hasta su deceso. Por ello, me compenetré aún más con toda la historia relatada, pues él poseía una memoria privilegiada. Especialmente durante los fines de semana, teníamos más tiempo para conversar y anexar muchísimo material, fotografías y cartas, lo cual hace posible este relato.
1914 – 112.º aniversario – 2026
Don Vittorio Emanuelle Forapagliero Blengino
Hijo de Giuseppe Forapagliero y Catherina Blengino, nació en la querida República de Italia, en Villagio di Carrú, provincia de Cuneo, Piamonte —una de las tantas regiones de Italia, situada a 70 km de Génova, 210 de Milán y 120 de Turín— el día 29 de febrero de 1884. Falleció en Rocha, Uruguay, el día 28 de noviembre de 1943. Casó en únicas nupcias con Margherita Vinai Virginio, nacida en Italia, ciudad de Magliano Alpi, provincia de Cuneo (Piamonte), el día 6 de octubre de 1882 y fallecida en Rocha, Uruguay, el día 15 de junio de 1953. Ella era hija de Giuseppe Vinai y Maddalena Virginio. Fueron de los primeros inmigrantes italianos que llegaron a esta bendita tierra uruguaya en el año 1912, junto con su pequeño hijo llamado Giuseppe, nacido en Italia, ciudad de Carrú, el 13 de diciembre de 1909, radicándose en la Villa de Rocha.
Los atrajo el Uruguay pues ya vivía en este país, desde 1872, una prima hermana de mi abuela, Doña Teresa Virginio Vinai. Ella también comenzó la actividad comercial fundando la primera "Posada de Diligencias" (que después sería la "Confitería del Gallo", más tarde el "Hotel Trocadero" y luego "Grandes Tiendas Montevideo"). Allí había alojamiento para los pasajeros que transitaban rumbo a distintas localidades del interior del departamento de Rocha procedentes de la capital del país.
En esa posada se hacía el recambio de los caballos que tiraban las diligencias. Doña Teresa ofrecía todo el confort necesario para brindarles a los viajeros almuerzos y una estadía que, aunque sencilla, se adaptaba a los comienzos de un negocio. Desde allí se empezaron a conocer en Rocha las famosas pastas y comidas italianas que ella sabía preparar. Ella le transmitió a mi abuelo la visión de lo que este bendito país les brindaba: paz, libertad y posibilidades de trabajo, lo que lo decidió a venirse con su familia.
El comienzo de mi abuelo fue al instalarse con un pequeño comercio de variados rubros de almacén y productos de chacinería que él mismo elaboraba —trabajo que ya realizaba en Italia— el día 28 de agosto de 1914, en la calle Orosmán de los Santos (antes calle 13 de Abril), donde después funcionó el famoso "Almacén de Don Juan Barrales" y que hoy es un hermoso edificio de apartamentos. Desde ese momento y hasta ahora, nuestro apellido quedó vinculado a la plaza comercial de Rocha, así como de Montevideo y otras zonas del país.
Poco a poco y progresando lentamente, alquiló a la familia Bertolinni un nuevo local comercial ubicado en las calles Florencio Sánchez (antes Florida) esquina Piedras (antes Don Carlos). En ese lugar, mi abuelo amplió los rubros y, con venta mayorista, comenzó a abastecer a pequeños comercios de la ciudad y de algunos puntos del departamento. Realizó simultáneamente importaciones desde Italia de excelentes productos tradicionales como vinos, aceites y muchos más que, por su origen, él consumía, haciéndolos conocer también a los ciudadanos de Rocha. Además, eran productos muy solicitados por la comunidad italiana de la zona, que ya era muy importante en número de personas, todos ellos inmigrantes en aquel momento.
Realizó importaciones directamente desde Cuba, como la famosa caña cubana que llegaba en barricas de madera y que en su comercio se fraccionaba, o los afamados habanos de la isla caribeña. También importó herramientas desde Europa y, especialmente, maquinaria agrícola italiana, la cual era muy solicitada por la comunidad itálica radicada en Rocha, muy avezada en la temática agrícola.
Por ese entonces, la mercadería llegaba por tren hasta San Carlos y, de ahí, a Rocha en carretones. Por vía marítima, venía de Montevideo a La Paloma y, desde esta, a Rocha, transportada por carretas de cuatro ruedas tiradas por varios caballos, propiedad de los hermanos Cuñetti, quienes vivían en el barrio Lavalleja y realizaban los fletes. Además, la empresa contaba con dos "cachilas" Ford T (tipo furgón) del año 1924 que se usaban para realizar el reparto y abastecer a los almacenes de campaña, mientras que en la ciudad de Rocha se usaban carros tirados por caballos como medio de transporte para la distribución. Posteriormente, al retirarse mi abuelo, estuvo en ese local Don Amado Serio con un negocio de almacén minorista, y después se instaló allí el primer supermercado de Rocha, "La Vieja Casona" de la familia Bertolinni; hoy funciona la agroveterinaria "El Gaucho" de mi amigo Enio Pioli ("Peta").
En el año 1930, se traslada a otro punto más céntrico de la ciudad de Rocha, ubicado en las calles 18 de Julio (antes Sierra) y José Ribot (antes Uruguay), adquiriendo la firma comercial "Cavallo, Terreno & Cía.", que era propiedad de familiares suyos. Invitó a asociarse a su concuñado, Don Juan Pratto Vinai, contando ya con la colaboración de sus hijos José y Victorio Forapagliero Vinai (mi padre), de 21 y 15 años respectivamente, y de su sobrino Juan Pratto, formando así la firma "Forapagliero y Pratto".
La vía férrea recién se conectó en el año 1928, dado que el ferrocarril llegaba solamente hasta la ciudad de San Carlos, lo que facilitó enormemente el traslado. Todo esto da la pauta de las grandes dificultades de abastecimiento que existían. Es de destacar que muchos veteranos de Rocha me comentan el esfuerzo que en aquel momento realizaba mi abuelo para disponer del volumen mínimo elemental de mercadería requerida por la plaza. El hoy "Hotel IMET" en Las Delicias, Punta del Este, era el molino de harina de los hermanos Cavallo, familiares de mi abuela; ellos enviaban a Rocha harina en lanchones que venían desde un pequeño muelle —que hasta hace poco tiempo se veía en Las Delicias— hasta el puerto de La Paloma, independientemente de la mayor parte de la mercadería que debía ser importada ya que la industria nacional en algunos rubros era incipiente.
En el año 1937, su socio Don Juan Pratto se retiró para jubilarse. Don Vittorio continuó con sus dos hijos el mismo negocio, dándole un nuevo giro a la empresa comercial, además de ampliar los ramos al rubro mayorista, operando en ese entonces con más de 200 proveedores de Montevideo, impulsado por la ayuda de sus hijos con nueva savia y la experiencia recogida de su padre. En ese mismo año y a pedido de vecinos, abre un pequeño negocio en el ramo de almacén y bar en el balneario La Pedrera. Lamentablemente, una cruel enfermedad hizo crisis en su organismo y, en noviembre de 1943, falleció a la edad de 59 años, cuando mucho más se podía esperar de su experiencia y voluntad de trabajo.
En el año 1944, sus dos hijos, José y Victorio (mi padre), formaron la sociedad "Forapagliero Hnos.", la cual continuó las actividades ampliando los ramos y adecuando el negocio a la época. Por ese entonces, se le consideraba uno de los comercios más importantes de esta ciudad. Continuaron realizando importaciones variadas de distintos países de Europa, principalmente de Alemania, de donde importaron herramientas de todo tipo y artículos para la agricultura. En el año 1950, fueron nombrados concesionarios de las afamadas marcas de vehículos Fiat y Simca por parte de los importadores de esa época, la firma "Traverso y Lestido" de Montevideo, además de continuar comercializando maquinaria agrícola de uso general, etc.
En el año 1960, se retira de esta sociedad José Forapagliero, quedando Victorio Forapagliero Vinai a cargo de la empresa bajo su sola firma. Por ese entonces, las casas de ramos generales iban perdiendo vigencia paulatinamente. Sería largo enumerar las razones, aunque podríamos citar algunas: los créditos por parte de los proveedores se iban acortando cada vez más; de plazos de 60 o 90 días se pasó a 15 o 20 días, y a 8 días para el pago contado.
Resultaba imposible para un comercio de ramos generales —que debía disponer de un stock importante y variado, no todo de ágil venta— mantener el mismo, al resultar antieconómico. La política, de ahí en adelante, sería transformar la empresa hacia la actividad mayorista y de representaciones, con renglones de venta rápida y casi al contado. Se coincidía así con el tratamiento de los proveedores; además, la política impositiva del Estado varió fundamentalmente a partir de esa época, siendo más agresiva y compleja.
Mi padre, para afrontar la situación y por lo antes expuesto respecto al aspecto comercial que se vivía en esa época, tomó la decisión de vender en remate público parte del local comercial que ocupaba: desde la mitad de la callejuela José Ribot hasta el Hotel Trocadero; media cuadra por la calle 18 de Julio con aproximadamente una cuadra de instalaciones. Yo contaba con 12 años y me quedó grabado a fuego —a pesar de que casi nada entendía por mi corta edad— el ver a un rematador caminar sobre un largo mostrador solicitando ofertas ante la mirada de muchísima gente que concurrió para "mirar" el remate de una firma importante (ese era el comentario) y ver cómo alguien se deshace de algo ligado especialmente al sentimiento. Digo esto por todo lo expresado en esta reseña, más allá de lo material que es una propiedad; quizás fue la fuerza que me quedó para luchar a partir de que me hice cargo del negocio, como relato más adelante.
Traté de inculcarle siempre a mis hijos que nada debemos esperar sino de nosotros mismos, memorable frase de nuestro ilustre prócer, el Gral. Artigas. Comento esto pues mi padre ayudó a muchos comercios a instalarse y también amigos suyos fueron ayudados de igual manera en muchas oportunidades; sin embargo, en ese momento ninguno estaba presente, con la excepción de Don Querubín Maside, quien sin titubeos ofreció su garantía para que mi padre operara en los bancos y así poder continuar sin problemas con su negocio. Supe esto ya siendo adulto y lo destaco especialmente. No fue necesario, pues inmediatamente y fuera de remate, el Banco Pan de Azúcar compró la propiedad y se solucionó la situación económica.
En el año 1980 se retira Don Victorio Forapagliero Vinai, haciéndome cargo de su negocio con conocimiento de su funcionamiento, pues desde el año 1975 ya venía trabajando en la empresa con los ramos existentes, anexando el transporte de mercaderías en general. Realicé acarreos de lana desde establecimientos agropecuarios del departamento de Rocha y, posteriormente, transportes a Montevideo para el escritorio rural de Don Manuel Cardoso Núñez de la ciudad de Rocha, quien era el consignatario de la barraca de lanas "Alberto Puig" de Montevideo. Al regreso, lo hacía con mercaderías varias para la propia empresa, y traía frutas y verduras para el Sr. Walter Galo los días jueves desde el Mercado Modelo. También, de pasada por Gregorio Aznárez, cargaba azúcar de RAUSA para nuestro comercio y así completaba el viaje. El Sr. Walter Galo comercializaba los productos en la primera feria vecinal de frutas y verduras que se instaló en Rocha, donde hoy se encuentran los depósitos de la I.D.R., en la calle Julio J. Martínez y Avda. Agraciada.
En ese momento tenía dos camiones: uno de ellos un Citroën 11 de 1.500 kg del año 1951, que usaba para el reparto de mercaderías en Rocha; y otro, un Fargo de 7.000 kg con motor BMC, del año 1958. Destaco esto pues, gracias a esos viejos camiones, ingresé en el mundo de la mecánica; yo mismo debía repararlos con alguna ayuda de mecánicos amigos y de esa forma logré funcionar.
Comencé a anexar otros rubros como bicicletas, ciclomotores, motos, generadores de luz, motosierras y motores fuera de borda de la afamada marca Yamaha. Es mi deber destacar el gran empujón comercial que me dio el Sr. Limberg Moreira, amigo personal e importador para Uruguay de la marca Yamaha, alcanzando en el año 1982 la importación de las tres primeras motos de cross que llegaron a Uruguay directamente desde Japón, enfriadas por agua. Ellas tenían como destino a los competidores de la "Societá Italiana di Rocha": Milton Corbo ("Corvina"), Nelson Altéz ("Pichón") y otra para mí. Trajimos importantes trofeos para Rocha y, posteriormente, quien suscribe compitió dos años en el "Campeonato Zona Sul de Brasil", obteniendo el título de vicecampeón en dos oportunidades en la categoría 125 cc (años 1982 y 1983), siendo —con toda modestia— el único rochense hasta la fecha que ha logrado esto en esa disciplina deportiva.
En el año 1982 fui nombrado concesionario oficial Fiat para todo el departamento por parte de "Fiat Uruguay S.A." (hoy Sevel Uruguay S.A.), actividad que ya venía desarrollando por intermedio de la empresa "Mansilla y Morris" de Pan de Azúcar, que eran los concesionarios oficiales para todo el este del país. Continué por dos décadas con mucho ánimo y éxito. También comercializamos, a través de otra firma (una S.A.), las marcas General Motors, Mitsubishi y Daihatsu, siendo los concesionarios para este departamento.
Llegado el año 2002, la crisis económico-financiera del país y de la región determinó el cierre de los bancos con los cuales trabajaba nuestra firma (cabe destacar que en Rocha funcionaban solamente tres bancos: Caja Obrera, Comercial y de Crédito, además del BROU, que no financiaba automóviles). Con ello, al desaparecer el financiamiento bancario, sumado a la absoluta caída del mercado, se volvió imposible continuar con esta actividad; por ende, no pude seguir trabajando, cesando las actividades totalmente en el año 2005.
Uno de mis hijos y su madre habían formado en el año 2002 la empresa de responsabilidad limitada "Victorio Forapagliero Ltda.", opción que tomaron a fin de usar el nombre de su bisabuelo y abuelo, el cual en realidad debió llamarse "Don Vittorio", pero que por un error de registro en aquella época fue anotado como Victorio. El apellido Forapagliero siguió entonces siempre vinculado a la actividad comercial que data del año 1914, comercializando un sinnúmero de rubros.
En el año 2008, la empresa fue nombrada distribuidora de los vehículos marca "FAW" de origen chino, representados en Uruguay por la firma "Wladimir Kaitazoff". Independientemente de su transformación, se comercializan motocicletas, electrodomésticos, mueblería y una extensa gama de productos nacionales e internacionales imposible de detallar por su variedad. Desde el año 2018, la empresa se integró al "Grupo Eldom", importando muchísimos productos y mercaderías, pasando al igual que mi abuelo (el fundador) a importar directamente; en estos casos, desde Brasil, China (muchos artículos de Italia que se fabrican en ese país), Malasia, Turquía y otros países.
En el año 2020 sufrimos un duro revés al incendiarse completamente el depósito de mercaderías, que estaba repleto, con una superficie de más de 1.200 metros cuadrados. Esto nos trajo "a tierra", debiendo comenzar de nuevo. Más allá de que el seguro abonó una cifra, se perdió mucho dinero pues esa mercadería estaba prevista para trabajar en la temporada de verano. Agradecimos a todos los proveedores importadores de Montevideo que nos facilitaron mercaderías para poder continuar. Con mucha dificultad fuimos sorteando etapas que aún no hemos superado completamente. En esos momentos, sintiéndome solo y con recuerdos dolorosos como la partida de Ángelo, es cuando uno se da cuenta de la validez de la frase de nuestro prócer: "Nada debemos esperar sino de nosotros mismos".
A tanta gente ayudamos, a tanta gente le facilitamos créditos, tanta gente tuvo un auto gracias a los créditos que ofrecimos en forma directa, y muchos de ellos se "olvidaron de abonar". En el momento en que todo ardía, muchos sacaban fotos para subir a las redes sociales, viendo después que era una carrera por ver qué foto era la mejor; eso me quedó grabado. Sin embargo, tres personas me ofrecieron ayuda: dos empresarios del medio, una amiga de siempre y un humilde pescador que al otro día del siniestro se presentó ante mí y me comentó: "lo único que tengo son mis manos y, si me precisa para limpiezas o lo que sea, cuente conmigo". También sentí a muchos amigos "retirarse" cuando yo me acercaba. En fin, nadie está obligado a nada, pero muchas veces hay que comentar las situaciones. La empresa, sin embargo, en plena pandemia ayudó por tres meses (hasta que el Ejército Nacional se hizo cargo de las ollas) a tres merenderos, alcanzándoles todo lo necesario para que hicieran sus ollas populares en esas barriadas carenciadas.
En abril de 2023 concurrí a la feria de Guangzhou en China a trabajar por el "Grupo Eldom" y, tras su finalización, me tomé unas vacaciones en Vietnam, en la isla de Phú Quöc. Allí, lamentablemente, sufrí una peritonitis por la que estuve casi 10 días internado en un hospital, más 4 días de recuperación y 3 días más para regresar. Debe ser de las peores cosas que me han pasado en la vida en materia de salud. Vietnam es un hermoso país, así como su gente, de la cual solo conocí el hospital, la ruta y un taxi; pero bueno, salí adelante solo, sin hablar vietnamita y gracias a mi "mal hablado" inglés y al traductor del teléfono. Pude comunicarme siempre con los médicos que me asistían y contestar sus preguntas sobre mi estado de salud.
De esta manera, desde el pequeño comercio que fundó mi abuelo "Don Vittorio" el día 28 de agosto de 1914 —al cual lamentablemente no pude conocer—, a la fecha estamos llegando a los 112 años. Mis hijos son quienes llevan sobre sus hombros la enorme responsabilidad de mantener bien en alto el apellido Forapagliero que nos legó el primer inmigrante de nuestra familia, de lo cual estoy seguro que así será.
En agosto de 2014, al cumplir los 100 años de fundación el negocio, el ánimo de festejos no estaba presente por lo que menciono más abajo sobre mi hijo Ángelo. Mis hijos y yo decidimos ir a Italia; los llevé a Carrú, donde nació su bisabuelo, para que vieran ellos mismos el lugar. Yo ya había tenido la suerte de ir en tres oportunidades a dicho pueblito de 4.500 habitantes y una superficie de 2.600 hectáreas donde nació Don Vittorio, fundador de la empresa. Decidimos colocar una placa donde fue su casa; tras contactos previos, fue recibida en forma oficial por la Alcaldesa ("Sindica" en italiano), Sra. Stefania Ieriti, y su asesor Antonio Morra (su abuelo le compró la casa a mi abuelo cuando este se vino para Uruguay), y se decidió colocar la placa en la biblioteca del pueblo. Recorrimos todo el pequeño pueblo y conversamos con mucha gente, encontrando familiares por parte de mi abuela paterna. Justo estuvimos allí un domingo y visitamos la feria vecinal, donde saludamos a muchísima gente, dado que la Alcaldesa lo había comunicado en la prensa días antes y allí nos presentó.
¿Y a esta altura, qué puedo expresar como nieto de inmigrante? Sencillamente que me siento orgulloso de serlo, pues Don Vittorio llegó a esta noble y acogedora tierra uruguaya sin más fortuna que su espíritu de trabajo. Con su perseverancia y corrección, logró integrarse al medio dejándonos a todos sus descendientes un enorme capital llamado "buen nombre", cimentado en valores de servicio y honestidad personal y comercial. Al hacer un examen de conciencia, creemos haber sabido mantenerlo y acrecentarlo, y en tal sentido la comunidad de Rocha será el mejor juez.
He transitado a lo largo de este camino viviendo etapas buenas, medianas y difíciles, y las he encarado siempre de la misma forma: poniendo fe y confianza en lo que hago. Al día de hoy, a mis hijos —las nuevas generaciones— con mayor dinamismo, con ganas de innovar y actualizándose al paso vertiginoso del ritmo de vida de la era informática, les he transmitido que me siento muy orgulloso de verlos trabajar con fuerza y unión, con la firmeza y honestidad que honra a nuestros mayores. Estoy seguro de que ellos recogerán la lección de siempre innovar, crear y adaptarse a los tiempos modernos, cada vez más difíciles y dinámicos, siempre mirando hacia el futuro sin temer a los cambios. Si un día tropiezan, estoy seguro de que siempre mirarán hacia adelante, enfrentando todo con dedicación, confianza y ganas de salir positivamente. La lección la vivieron muy de cerca, pues vieron a su padre en el quebranto del año 2002 que nos afectó familiarmente y por lo cual debimos adoptar una economía de guerra; los más chicos, con 16 y 18 años, enfrentaron una situación especial que a esa corta edad los recompensó al sortear una prueba de vida asimilada por todos.
Agradezco a la vida que mis hijos hayan continuado la trayectoria comercial de la familia Forapagliero, decisión que ellos mismos han tomado, poniendo de manifiesto que han asumido y llevan bien arraigada la historia y tradición familiar, lo que augura que seguirán vinculados comercialmente a la sociedad de Rocha. Como padre, comparto con ellos todas las experiencias vividas —buenas o malas— como el mejor consejo para caminar en la vida.
El 2 de diciembre de 1998, nuestra familia sufrió un duro golpe por el fallecimiento de mi padre, Don Victorio Forapagliero Vinai, que contaba con 83 años de edad. Él dejó a todos sus descendientes un ejemplo de padre y a la sociedad de Rocha una imagen de corrección, de sana vida dedicada en su totalidad a la familia y a su trabajo. Los que hoy llevamos su apellido con orgullo transitaremos, sin ninguna duda, con el ejemplo que nos dejó, con su forma de pensar y con su insistencia permanente como descendiente de italianos en volcar todas las fuerzas a la familia, a los verdaderos amigos y a la tarea diaria, estando seguros de que desde allá arriba nos guiará permanentemente.
En fecha 2 de noviembre de 2012, mi hijo menor, Ángelo Giuseppe, con 25 años, se nos adelantó en el camino de la vida, y como padre sufrí el más grande dolor imaginable. Era el "alma mater" dentro del comercio en el que trabajaba junto a sus hermanos; ello trastornó todos los estados de ánimo, haciendo mermar los deseos de vida del resto de la familia y creando una gran consternación en la sociedad rochense. Era un hermano conciliador que no dejaba a ninguno de su familia caer; si alguno tenía una dificultad, allí venía él con su expresión de cariño y diálogo. Siempre con buena onda, con alegría en su rostro, sabía tratar al público y negociar con los mayoristas. Solo alguna cosa preguntaba, y ello por seguridad y compañerismo. Se complementaba muy bien con todos y por eso se le extraña tanto. Ángelo realmente fue un elegido y, por tal, debí apartarme del precipicio en el que vislumbraba que queríamos caer, arriesgando un gran historial de esfuerzos y sacrificios. El diálogo rescató las esperanzas de vida, retemplando los ánimos de lucha y permanencia propios y familiares.
Después comenzaron a llegar los nietos —y sin perder la esperanza de que sigan llegando—, lo cual ha ido menguando el dolor que sentimos. Aunque el tiempo pasa, desde mi óptica el dolor no se borra, sino que, por el contrario, cada vez lo extraño más, pese a que su recuerdo nos acompañe día a día en esta, su eterna casa. Agradezco a este gran país el haberle abierto las puertas a mi abuelo, Don Vittorio, y espero que algún día pueda retribuir ese gesto haciendo lo que por él corresponda hacer.
Actualmente soy el presidente de la "Sociedad Italiana de Rocha", institución que presidí en otras oportunidades también. El día 13 de febrero del corriente año cumplió 149 años de su fundación —de la que mi abuelo y mi padre también fueron presidentes en distintas etapas—, dedicándole todo mi esfuerzo y cariño junto con los excelentes compañeros de la Comisión Directiva para que se mantenga en pie como desde su creación.
Fui admitido como socio de la Cámara Italiana de Comercio en el Uruguay, siendo consejero suplente del Consejo Directivo. Y hoy soy socio de la recientemente formada Cámara Mercantil Uruguay-Italia, cuya iniciativa fue de uno de los pilares que propuso la idea, el recientemente fallecido Ec. Ricardo Pascale, y que hoy preside el Cr. Carlos Steneri, a quien acompaño en la lista como miembro en la Comisión Fiscal.
En el aspecto social local, fui presidente del "Comité Departamental de la Cruz Roja de Rocha", teniendo el sumo agrado de haber acompañado a la Dra. Nívea García de Meerhoff, presidenta de la Cruz Roja Uruguaya; razones de trabajo me obligaron a abandonar el cargo. Quiero significar que me sentí útil trabajando y ayudando a los más necesitados. En febrero de 2016, el Gobierno de Italia me condecoró con el título de Cavaliere, inmenso honor que me regaló mi segunda patria por mi trabajo en la Sociedad Italiana de Rocha, en la Cámara de Comercio Italiana y por los logros deportivos que tuve y que fueron reconocidos por la Embajada Italiana en Montevideo. El Sr. Embajador Dott. Gianni Picatto me hizo entrega del galardón y el diploma en una ceremonia que realizamos en Rocha, aprovechando la ocasión de la inauguración de varias obras que concluimos en la institución.
En el año 2021, fui nombrado presidente de la "Comisión de Apoyo del Destacamento de Policía Caminera" y estamos juntos tratando de recabar fondos para ponerlo en condiciones. Un capítulo de reconocimiento para quienes fueron y han sido funcionarios y colaboradores de todas las horas en esta empresa, puntales esenciales en el desarrollo y éxito de sus actividades. Extensivo también a su selecta y consecuente cartera de clientes que desde siempre han confiado en la empresa y que confirman el hecho de que son, y seguramente seguirán siendo, su mayor patrimonio.
El 01.04.2025 pasé a retiro con 76 años, un poco cansado y pretendiendo tener tiempo para mis cosas, con ganas de vivir sin tantos inconvenientes. La tradición continúa pues mi hijo Victorio Emilio formó la empresa "Victorio E. Forapagliero SAS", la cual continúa comercializando diversos artículos, dejando de lado los electrodomésticos y la mueblería, artículos estos muy "desgastados y manoseados" en su comercialización, muy vendidos por internet y ante la poca lealtad de los importadores que se sumaron a las ventas directas.
Son 112 años de actividades comerciales y sociales al servicio de la comunidad. Una centenaria lucha en pos de mantener y acrecentar los valores inculcados por nuestros mayores, reafirmados en el compromiso asumido por la nueva generación responsable de "Victorio E. Forapagliero S.A.S." en honor a su tradición.
Victorio Forapagliero
Más de un siglo junto a los Rochenses ofreciendo soluciones.
Contacto
099 661 284 - 098 152 184 - 4472 2801


Horario: De Lunes a Viernes de 8:30 a 12:00 y de 14:30 a 19:00 hs.
Sábados de 8:30 a 12:30 hs.
Dirección: José A. Ribot 119.
Todos los precios están en dólares
